Los paisajes de Roma
de Peppino Benlliure
Textos: Lola Soto Vicario
“Fue un corazón grande, hermoso, como un niño (…) sus obras vivirán, obras ejecutadas en el momento más álgido de su vitalidad artística. Ellas deben ser una orientación para la Juventud de hoy.”
Joaquín Sorolla
Diario Las Provincias
Valencia, 13 de Septiembre de 1916
1. Peppino Belliure y el paisaje de Roma
2. Análisis de obras y conclusiones
3. Las obras en el Museo Benlliure de Valencia (cuadros acabados, apuntes y detalles)
1. Peppino Benlliure y el paisaje de Roma
Nos ha interesado detener la mirada sobre un conjunto de obras realizadas por José “Peppino” Benlliure Ortiz (Roma, 1884 – Valencia, 1916), las más tempranas de su breve trayectoria como pintor, con motivos de paisajes y vistas de la ciudad de Roma. La familia Benlliure se había establecido en 1879 en la ciudad del Tíber, convertida en el más relevante centro artístico europeo del siglo XIX. Rodeados de un ambiente artístico propicio, Peppino creció en la vía Margutta, el barrio de los artistas afincados en Roma, y de los más importantes pintores y escultores españoles de ese tiempo, como Sorolla, Pinazo, Muñoz Degrain, Benedito, Bellver, Moreno Carbonero, Pradilla, Fortuny o Chicharro. Muchos de ellos estuvieron pensionados para completar allí sus estudios de arte. Sus años de formación como pintor estuvieron inicialmente supervisados por su padre José Benlliure Gil, y fundamentados en un sólido estudio del natural.
A una edad muy temprana comenzó Peppino a esbozar breves notas de color al aire libre en pequeñas tablillas; a los siete años, junto a su padre pintor, recorre Roma y experimenta constantemente por su cuenta con la mancha y el color. A los catorce años empieza a recibir clases del Natural impartidas en la Academia de la Asociación Internacional de Bellas Artes en Roma, y dos años más tarde, en 1900, participará en su primera exposición colectiva, con obras sobre temática de jardines y villas romanas.
Peppino Benlliure tuvo desde un primer momento la oportunidad de contactar con las novedosas tendencias artísticas en las Exposiciones Internacionales celebradas en Roma, que seguramente condicionaron su estilo pictórico. Más tarde fue alumno pensionado en la Real Academia de España en Roma, de la que su padre fue director desde 1904. En ese tiempo comienza una etapa muy productiva para Peppino, que pasaba largas horas pintando en los alrededores de la Academia situada en el monte Gianicolo, esbozando breves apuntes desde sus ventanas, y también en la cercana villa Doria Pamphilj, de espléndidos y pintorescos jardines, que serán sus temas pictóricos de este período. Es cuando el joven artista se inicia en el arte y experimenta con el color y la composición en numerosos estudios al óleo, dibujos y cuadros realizados en el taller.
Todo este conjunto de obras fue pintado antes de 1908, el año en que Peppino viaja a Madrid y se convierte en discípulo de Joaquín Sorolla por algún tiempo. Durante la etapa de Roma, vemos que en los temas elegidos omite los detalles anecdóticos y trata de ir a la esencia del motivo. Se sabe que ocasionalmente hizo uso de la fotografía como instrumento de apoyo en el proceso creativo de sus paisajes compuestos en el estudio, pero en general, estamos ante un pintor que necesita tener el referente pictórico ante sí para observarlo y analizarlo detenidamente y realizar posteriormente una síntesis personal y expresiva.
Peppino Benlliure.“Paisaje de Asís”. Apunte del natural. Hacia 1895. Óleo/tabla. 21,1x35,5 cm. La familia Benlliure, durante su estancia en Roma, pasaba los veranos en Asís, donde Peppino también tuvo ocasión de realizar sus primeros esbozos pictóricos. En esta obra advertimos aún las tonalidades tierra influidas por la enseñanza paterna.
Cabe comentar también en este preámbulo que la mayor parte de la producción romana de Peppino Benlliure se encuentra conservada en la Casa Museo Benlliure de Valencia, así como en diversas colecciones particulares.
Asimismo, el conjunto de obras realizadas en Roma queda cronológicamente enmarcado en el período que va de 1895 a 1908.
José, Mariano y Peppino Benlliure junto con otros
compañeros en un claustro románico. Italia, hacia 1895
Casa-Museo Benlliure, Valencia. Sala permanente dedicada a Peppino Benlliure
2. Análisis de obras y conclusiones
Los paisajes sobre motivos de jardines y vistas de Roma resultan obras de gran simplicidad de composición y sin recurrir a encuadres demasiados audaces; en ellos vemos que las amplias y definidas masas compositivas se encuentran armónicamente equilibradas, con horizontes elevados o bien inexistentes, los cuales reducen el espacio destinado a la franja de cielo y concentran la atención en el plano de tierra, que es el que el pintor desea enfatizar.
En general, hará uso de formatos horizontales o, en algunos casos, de soportes de forma cuadrada, según si desea captar una vista panorámica más amplia o un espacio más restringido. Las composiciones tienden a resolverse, en general, en base a ejes ortogonales sustentados en ritmos verticales y horizontales que favorecen sensaciones de estabilidad, regularidad y reposo, sin apenas ritmos oblicuos más dramáticos, generando un equilibrio de fuerzas con tendencia a lo estático. Los formatos de estas obras son generalmente medianos o grandes, si bien existen apuntes de pequeño formato.
Peppino Benlliure.“Jardín de la Villa Doria Pamphilj con grupo escultórico”.
Óleo/tela. 56x102cm.
Peppino Benlliure. “Jardín de la Villa Doria Pamphilj”. Óleo/tela
Por otro lado, advertimos un tratamiento de las formas básicamente inacabado, desdibujado en algunos casos, de marcada síntesis incluso en los formatos más grandes, con una atractiva tendencia hacia la captación de lo instantáneo que se resuelve mediante la estructuración de los volúmenes mediante planos claramente definidos, y que en cierto modo recuerdan al “cloissonisme” postimpresionista, parcelador de los campos cromáticos más o menos bidimensionales.
Peppino Benlliure. “Jardín de la Villa Doria Pamphilj con balaustrada”.
Óleo/tela. 84,5x125 cm.
La manera de solucionar plásticamente las masas de vegetación resulta muy sintetizada, con un gusto evidente hacia formas redondeadas y compactas que reafirman su contundencia visual, aplicando el óleo más o menos denso. No apreciamos detalles ni efectismos superfluos tampoco en el dibujo formal de las arquitecturas representadas, sino que el paisaje visto en la distancia queda reducido a sus formas más básicas y pictóricamente más vigorosas, con la bidimensionalidad como audaz recurso introducido en ciertas áreas del cuadro, recortando y delimitando zonas de luz máxima y zonas de sombra de contorno sinuoso. Tales aspectos resultan de gran modernidad y manifiestan el vivo interés del pintor por experimentar por sí mismo siguiendo unas vías de expresión menos convencionales y más personalizadas.
Vemos que el dibujo de líneas ondulantes y líricas muy cercano al Modernismo recorre las formas orgánicas con gran sugerencia para evocar el movimiento y el ritmo vital de la naturaleza, un recurso que en ciertas obras se hace más evidente.
Peppino Benlliure. “Puerta de San Pancracio. Roma”. Óleo/tela. 60x70,5 cm.
Peppino Benlliure. “Jardín de la Villa Doria Pamphilj con escultura”. Óleo/tela. 76,5x59,5 cm.
Observamos también que las proporciones empleadas en las formas son coherentes con el deseo expreso de mantener planteamientos naturalistas, si bien podríamos sugerir que existe en Peppino Benlliure una predilección por el decorativismo y lo ornamental en ciertas formas sinuosas, volumétricas y plenas que resuelve acertadamente con poderosas pinceladas.
En cuanto al tratamiento del espacio, hemos mencionado ya los puntos de vista elevados que permiten una visión total de lo que acontece en el plano de tierra; son escenas panorámicas que básicamente representan extensas vistas de la ciudad tomadas desde cierta altura. Los lugares se nos presentan mediante visiones esencialmente frontales, y la impresión de profundidad espacial se genera a través de diferentes soluciones; observamos gradaciones de tamaño que varían según la lejanía, una ligera perspectiva aérea que funde contornos, así como la superposición de ciertos elementos que ocultan otros.
Peppino Benlliure. “Vista de Roma”. Óleo/tabla. 34,5x47,5 cm.
Peppino Benlliure. “Vista de Roma desde la Academia”. Óleo/tela
Igualmente, mediante el claroscuro algo más acusado, se crean planos de profundidad en los paisajes, así como a través de ciertos ritmos diagonales introducidos ocasionalmente, y con la pérdida deliberada de la definición del detalle en los elementos más distantes, construyendo de esta manera unos ambientes con atmósfera propia y sin contrastes acusados ni estridencias.
Peppino Benlliure. “Vista de Roma desde la Academia de Bellas Artes”.
Óleo/tela. 100x175cm.
Peppino Benlliure. “Lago de la Villa Doria Pamphilj”. Óleo/tela
Asimismo, el colorido también subraya la intención de crear espacios naturalistas y vistas abiertas de la ciudad de Roma, con unos planteamientos que, si no sobrios, resultan más definidos, con más carácter, omitiendo los tonos tierra y los neutros de la paleta que aprende inicialmente de su padre, y evolucionando hacia tonalidades de mayor riqueza, con notas aisladas de mayor saturación que introducen verdes esmeralda junto a rosados, anaranjados, malvas en las sombras, llegando a experimentar con gamas de complementarios más novedosas, como la combinación “verde-rojo”, “azul-naranja” y otras.
Peppino Benlliure. “Vista de Roma desde la Academia Española de Bellas Artes”.
Óleo/tela. 32x39 cm.
Peppino Benlliure. “Jardín de la Villa Doria Pamphilj”. Óleo/tela. Detalle
Será siempre una selección cromática basada en la experiencia directa con el natural, pero que el pintor decide o no manipular, saturar, degradar o matizar, creando nuevas relaciones de color con fines expresivos, siempre de manera moderada. Encontramos acentos de mayor saturación, por ejemplo, una breve nota de rojo sobre una armonía de verdes; sin embargo, la tendencia general es la construcción del cuadro situando los tonos fríos o los colores sombríos en los fondos, por lo que el color también actúa como aspecto que interviene en la profundidad de las escenas. Armonías cromáticas sin disonancias, escuetas gamas de neutros que dominan en algunas composiciones, y una preferencia por los matices junto a colores más puros generan una coherencia visual de conjunto que el artista no pierde de vista en ningún momento.
Peppino Benlliure. Detalle de “Jardines de la Villa Doria Pamphilj”. Hacia 1907. Óleo/tela.
Junto a la síntesis cromática y compositiva, encontramos la simple y básica resolución de la cuestión de la luz en las escenas; sin alejarse del naturalismo basado en la experiencia de primera mano del paisaje, Peppino Benlliure recurre a unas soluciones sencillas, sin efectismos, haciendo uso de la plasticidad de los volúmenes iluminados, con una acusada delimitación de las áreas de sombra y los planos de luz máxima en las vistas exteriores, pero a partir de una escala de valores de luz en general medios-bajos, que como en el color, no da lugar a estridencias ni a impresiones dramáticas, sino que nos transmite la idea de recogimiento, tranquilidad e introspección. El intimismo y la sutilidad con los que Peppino Benlliure se aproxima a los paisajes de Roma que tiene más cerca se manifiesta en las ambientaciones de luz envolventes, en las penumbras de los segundos planos sin marcados contrastes, con un sentimiento de callada quietud. En otras obras hallaremos, sin embargo, una representación más explícita de la luminosidad del paisaje de Roma entrevisto en la distancia.
Peppino Benlliure. “Vista de Roma. Óleo/tela
Peppino Benlliure. “Jardín de la Villa Doria Pamphilj con fuente”. Óleo/tela
Finalmente, en cuanto a la manera con la que Peppino Benlliure aplica el óleo sobre la tela, la tabla o el cartón, es decir, la estructura sintáctica de su pincelada, advertimos que ésta, usualmente, es de dicción más o menos cerrada, mayormente dibujística, con tendencia hacia lo reflexivo y lo introspectivo en líneas generales. Sin embargo, observaremos otras obras con soluciones más gestuales y de mayor soltura y espontaneidad en el trazo, de mayor sensualidad, sobre todo en sus apuntes au plein air, por lo que hay una alternancia de ambas maneras en la expresión pictórica propiamente dicha. Asimismo, acusamos una alternancia de áreas del cuadro más “activas”, con una mayor presencia de gestualidad pictórica, y otras zonas de mayor reposo, con manchas más homogéneas y cerradas, construidas mediante planos prácticamente bidimensionales.
Peppino Benlliure. Detalle de “Lago de la Villa Doria Pamphilji”. Óleo/tela. 139x150,5 cm.
Peppino Benlliure. Detalle de “Jardín de la Villa Doria Pamphilj con balaustrada”.
Óleo/tela. 84,5x125cm.
Cabe señalar también que el tipo de tela empleada como soporte en estas obras repercute en cómo la mancha de óleo se percibe finalmente en el cuadro; existen algunos paisajes de esta serie en los que apreciamos el uso de una tela de grano más grueso, muy basta, casi como un cierto tipo de arpillera, y sobre ella el óleo se ha aplicado prácticamente sin diluir, someramente y sin cubrirla del todo, por lo que la textura de estos empastes resulta visualmente áspera y las transparencias que se obtienen son aprovechadas por el pintor como valor plástico muy atractivo que genera una percepción particular de ciertas áreas, más cálida y de mayor riqueza pictórica.
Peppino Benlliure. “Vista de Roma”. Óleo/tela. 34x47 cm. Detalle.
Peppino Benlliure. Detalle de “Vista de Roma desde la Academia de Bellas Artes”.
Óleo/tela. 100x175 cm.
Por otro lado, hallamos una gran variedad en los tipos de pinceladas, en forma de trazos largos, trazos más breves, toques con el óleo más seco, manchas con la pintura más diluida, transparencias que permiten entrever un color de base, todas ellas pinceladas de un grosor medio, moderado. La sensación de inacabamiento y espontaneidad al pintar la percibimos más en los apuntes de formato reducido, de ejecución más abocetada, rápida y libre, con la pincelada más “rota” y una dicción abierta que recuerda en cierto modo la manera de Fortuny.
Peppino Benlliure. “Lago de la Villa Doria Pamphilj”. Óleo/tabla
Mariano Fortuny. “Los memorialistas”. Óleo/tabla. 1874
Sin embargo, en ciertas obras de mayor envergadura, Peppino Benlliure también se introduce la frescura de la impronta enérgica y vigorosa del grueso pincel, muy audaz en la manera de sorprender y sintetizar tal o cual aspecto, dejando desdibujadas muchas zonas del cuadro.
Peppino Benlliure. “Lago de la Villa Doria Pamphilji”. Óleo/tela. 139x150,5 cm.
La mancha amplia, generadora de formas contundentes y volúmenes poderosos, es el agente plástico esencial con el que este pintor se aproxima a la naturaleza y al paisaje, y extrae de él las cualidades con las que encuentra en sintonía. Probablemente Peppino Benlliure, como ya hemos dicho, estuvo a sus veinte años en contacto con las modernas tendencias artísticas del momento, y pudo tomar idea de ciertas soluciones más novedosas y ponerlas en práctica en sus obras tempranas. Su lenguaje plástico de juventud, de recursos simples, claros y expresivos, son el fundamento para su maduración posterior como pintor, de la mano de Joaquín Sorolla, a partir de 1908.
Peppino Benlliure. “Ruinas romanas”. Óleo/tela
Lamentablemente, la prometedora carrera artística de Peppino Benlliure se vio abruptamente interrumpida por su muerte inesperada en plena juventud, truncando las esperanzas de evolucionar de manera brillante como artista en el panorama de la pintura valenciana de principios de siglo XX, con unos planteamientos plásticamente sólidos y rotundos, de gran sensibilidad y de acusada personalidad ya manifiesta en sus inicios como pintor de paisajes en Roma.
Peppino Benlliure. “Jardín de la Villa Doria Pamphilj con escultura”. Óleo/tela
3. Las obras en el Museo Benlliure de Valencia (cuadros acabados, apuntes y detalles)
“(…) Dotado de un exquisito temperamento, de gran sensibilidad, sereno, fue lentamente evolucionando hasta encontrar un arte suyo, que, como bueno, basábase en la vida.
Su visión pictórica era simplicista, pero precisa, justa. Nunca en su arte buscó complicaciones artificiosas para rebuscar una personalidad. Ello hubiera sido contrario a su carácter que fue siempre sincero. (…)”
Joaquín Sorolla, 1916
BIBLIOGRAFÍA
MARTÍN, R.: Josep Benlliure Ortiz. Excm. Ajuntament de València. Delegació de Cultura. Valencia, 1984.
PENALBA ALARCÓN, J.: Peppino Benlliure 1884-1916. La eterna juventud. Conmemoración de un centenario. Ayuntamiento de Valencia. Valencia, 2016.
WEBSITES CONSULTADAS
Las imágenes que ilustran el texto de este estudio han sido tomadas de la bibliografía y las websites referenciadas anteriormente, así como fotografías de la autora en el apartado 3.
Las conclusiones del apartado 2 de este estudio son originales de la autora y están basadas en la observación directa de la obra de José Benlliure Ortiz en la Casa Museo Benlliure de Valencia y el Museo San Pio V de Valencia.
Lola Soto Vicario es artista y Doctora en Bellas Artes por la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de Valencia (Universidad Politécnica de Valencia).
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